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  CASEROS - domingo 16 de Febrero de 2020
Pasion de multitudes
por Jorge Alberto Iglesias Lorenzo
 



Estas pasadas semanas comprobé “sin asombro” como mis paisanos caserinos se “piropeaban” a través del libro de visitas llevados por su pasión deportiva.

Todos nosotros rendimos culto a los colores del club con el cuál nos identificamos.

Yo también lo hago, aunque confieso que la manera de vivir el fútbol en España no es comparable a como se profesa en Brasil y en Argentina.
No hay más que ver la cantidad inmensa de seguidores que arrastra nuestra selección y la carioca. En España, no existe esa identificación tan plena con unos colores.

Sí, se es hincha, se puede ser socio o abonado, pero llegar a ese fanatismo tal como nosotros, ni por asomo.
Y yo me pregunto: ¿es mala esa influencia radical por parte de unos colores determinados que sentimos como nuestros casi desde la cuna?

Es difícil contestar porque somos muchos y cada uno de nosotros tiene su propia manera de ver la vida, sus propios pensamientos y sentimientos, sus propias reacciones y emociones, sus propios impulsos, que conforman en conjunto nuestro propio carácter y nos ayudan a formar ésta sociedad tan rica y variopinta.

Cierto es que si solos podemos ser radicales, agrupados nos envalentonamos más y somos muy peligrosos. Pero el fútbol NO TIENE por función implantar la violencia entre la gente cada fin de semana, por el contrario pretende unirnos, conseguir que esta excusa deportiva sirva para que socialmente convivamos más, nos invita a la práctica de un deporte, de una actividad sana para conservar una mente y un cuerpo más sano todavía.

El fútbol es nuestro deporte rey, es pasión de multitudes, es nuestra religión; pero también es una diversión, un relajante emocional, una fiesta semanal, una reunión de amigos y familiares.

El encuentro de dos aficiones contrarias NO DEBE GENERAR ODIO, sino aliento para intentar animar lo mejor posible a nuestro equipo. NO DEBE GENERAR VIOLENCIA FISICA, sino la alegría de poder enfrentarse deportivamente por fin a ese fiero equipo. Debemos tener el suficiente autocontrol para demostrarles y demostrarnos lo adultos e inteligentes que somos. Capaces de no caer en provocaciones sin sentido que solamente podrían amargar el domingo a nuestras familias y a nosotros mismos llevándonos quien sabe si al hospital o al cementerio.

Al igual que en la calle sino hubiera ladrones casi seguro que no habría policía, en la cancha si nos matamos las dos aficiones ¿quién va a hinchar por nuestros respectivos equipos?.

No tendría aliciente y hasta probablemente dejaría de existir el fútbol que no nos olvidemos además de un deporte, también es un espectáculo y por qué no decirlo un sector económico que genera sus millones y sus puestos de trabajo.

¿O acaso cuando juega Argentina también nos pegamos porque el D.T. sacó a ese jugador de aquel fiero equipo en lugar de sacar a este del nuestro que nos gusta mucho más?. No lo hacemos ¿NO?, ¿y saben por qué?: ¡Porqué somos todos argentinos!. ¡Cómo nuestro buen fútbol!.
Y que mejor que disfrutar de una tarde de buen fútbol con una gran dosis de alegría, aliento, felicidad y buen humor. Porque al final si pierde el equipo de nuestros amores, no habrá ganado solo el contrario, ¡¡¡NO!!!, también habrá ganado EL FUTBOL quien habrá conseguido una jornada más, disputarse en limpia competencia.

Vayamos a la cancha con las manos vacías, guardemos las cadenas, olvidemos las botellas envainemos los cuchillos y enfundemos las pistolas.
Llenemos con nuestras voces los cuatro vientos para que el nombre de nuestro club se oiga rugir hasta el infinito.

Practiquemos nosotros también en las tribunas el mundialmente conocido FAIR PLAY (juego limpio). Tomemos ejemplo del rugby donde durante todo el partido existe una “aparente” lucha verbal de aficiones, pero al finalizar el mismo festejan, al igual que los jugadores, todos juntos en el bar más cercano tomando una cerveza mientras comentan los detalles del encuentro. Seamos respetuosos y buenos perdedores si llega ese momento o respetemos a los hinchas contrarios si les toca ese amargo trago. Hagamos entre todos una linda fiesta de nuestro fútbol.

¡Cuidemos lo que es nuestro!

Y así casi al unísono que se oigan limpiamente las gargantas al grito de:

¡Dale ALMAGRO nomás!, o
¡Vamos ESTUDIANTES todavía!, o
¡JOTA JOTA campeón!.

Jorge Alberto Iglesias Lorenzo
Vigo, España




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