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  CASEROS - viernes 6 de Diciembre de 2019
El día que el tren paró en Caseros
 



A finales de 1880 para esperar el tren en el pueblo de Mercedes había que armarse de paciencia. Se sabía cuándo salía de Palermo pero nunca a que hora llegaba. Le hechaban la culpa a la altura de la primera estación del ramal.Cada dos por tres, las lluvias anegaban el terraplén sobre el que la compañía Buenos Aires al Pacífico había instalado el nuevo tramo de vías. La estación-a 20 kilómetros de Buenso Aires- llevaba el nombre de una batalla que tres décadas antes había cambiado el curso de la historia argentina: Caseros.Se abrió al público -un puñado de quinteros contratados por la familia Lynch- un domingo de 1888. Por aquel entonces los trenes no podían caminar más de 20 kilómetros sin cargar agua. Y Caseros era la primera parada para abastecerse en los 107 kilómetros de vías que unían la estación Pacífico con la terminal de Mercedes. A un costado instalaron un inmenso tanque para alimentar las calderas de las locomotoras a vapor. Por lo demás, la contrucción no difería demasiado de las otras de la línea. Edificio de una planta de inconfundible estilo inglés, sala de espera para los pasajeros, baño, depósito y una rampa para cargar ganado en los vagones.

El tren se veía venir desde lejos. A su paso se iba dejando una gruesa estela dehumo gris. La ida y la vuelta se hacía por la misma vía y casi nadie se perdía el tren. Los maquinistas esperaban hasta al último pasajero, aunque llegara corriendo por el andén.

"La noticia se anunció en un boletín publicado en el diario La Nación el sábado 24 de marzo. pero las primeras boleterías no llegaron sino hasta 1896, por la poca cantidad de gente que vivía en la villa. Así es que durante ocho años la gente que tomó el tren desde Caseros no pagó boleto" (José cabrera, autor del libro Caseros: a cien años de su Fundación).

Con la estación llegó el telégrafo y la estafeta postal al pueblo. Los empleados de la línea se instalaron cerca de la parada de trenes. "El primer jefe fue José Betta. En esa época era común que varios miembros de una misma familia hicieran carrera en el ferrocarril. Su propia hija, María, era la telegrafista", explica Horacio Callegari,en su Historia del partido de Tres de Febrero.

Caseros era una zona de quintas. El tren cortaba al medio los campos que los Lynchalquilaban a un centenar de agricultores italianos. Mas allá de la estación no habíademasiado. El único almacén era propiedad de Luis Cavassa, un inmigrante genovés que habíallegado al pueblo en la década del ´40. "Era el centro de la vida de todos. Allí ibamosa comprar comida y los hombres se reuníana tomar la vuelta de ginebra todas las tardes.Ataban sus caballos a unos palenques de madera frente al negocio y los chicos de la villanos juntábamos a mirarlos", cuanta Margarita Suárez (90), hija de uno de los primeros maquinistas que tuvo la estación.

Los Suárez llegaron a Caseros en 1916 y compraron una casa chorizo sobre lo que hoy es laAvenida San Martín, a dos cuadras de la estación. Eran otras épocas -aclara Margarita-."Los relojes despertadores eran para gente de plata. La empresa había contratado a un señorque todas las madrugadas despertaba a los empleados para que no llegaran tarde. Todavía meacuerdo cuando golpeaba la ventana de mi casa a las cuatro de la mañana."Ir a la estación era el paseo del domingo. "Había una fila de coches Victoria, con capotay tirados por un caballo, para buscar a los que llegaban. despúes de la siesta, toda la familia salía a ver pasar el tren. La cosa era ver quiénes bajaban, cómo venían vestidos y a quiénes visitaban. Con eso había conversación para toda la semana", cuenta Margarita.Además de los chismes, las vías marcaron el ritmo de la ciudad. Las primeras 70 manzanas que se lotearon fueron las de la estación. A pocas cuadras se instaló la primera escuela, la escribaníay la Comisaría.

La compañía trajo 300 hombres para arreglar las vías y 12 locomotoras nuevas de su central de Londres. Las demoras se hicieron más cortas y los trenes comenzaron a ir y venir por vías separadas. En 1896 un guarda cortó el primer boleto de un pasajero de caseros. No se podíandar el lujo de perder plata. Había todo un pueblo para trasladar.


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