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  CASEROS - viernes 6 de Diciembre de 2019
9 de Julio de 1816
por holacaseros.com
 



La instalación de José de San Martín en Cuyo, el apoyo de la población local y el auspicio no oficial de Gran Bretaña a los movimientos de emancipación americanos dieron fuerza a las tendencias independentistas.
A pesar de la situación imperante (el fracaso de las campañas del Alto Perú, los realistas preparando una invasión por el norte y la amenaza de los portugueses a la Banda Oriental), se logró declarar la Independencia.

La Declaración de la Independencia fue, básicamente, un acto de coraje, una especie de gran compadrada en el peor momento de la emancipación americana.
En el norte del continente, Bolívar había sido derrotado.
Chile estaba nuevamente en manos de los realistas.
Los españoles amenazaban Salta y Jujuy y apenas si eran contenidos por las guerrillas de Güemes.
Para empeorarlo todo, Fernando VII había recuperado el trono de España y se preparaba una gran expedición cuyo destino sería el Río de la Plata.
La Banda Oriental estaba virtualmente ocupada por los portugueses.
Y en Europa prevalecía la Santa Alianza, contraria a las ideas republicanas.
En ese momento crítico los argentinos decidimos declararnos independientes.
Fue un gran compromiso, el rechazo valiente de una realidad adversa.
Era empezar la primera navegación de un país independiente, sin atender las borrascas ni los riesgos.
Un acto de coraje. (Félix Luna)



San Martín vs. Alvear

La declaración de la Independencia no fue un hecho aislado.
Tuvo sus impulsores, sus detractores y un antecedente:
la Asamblea de 1813.

Dos figuras emblemáticas surgieron como representantes de ambas posturas:
José de San Martín y Carlos de Alvear.

La Asamblea General Constituyente de 1813 había sido convocada con el objetivo de declarar la Independencia y redactar una constitución.
Claro que, cuando tuvo lugar la convocatoria (24 de octubre de 1812), la situación política era muy propicia.

Fernando VII

Pero en el momento en que se llevó a cabo, las cosas habían cambiado:
Fernando VII había sido restaurado en el trono de España, por lo tanto los argumentos en pro de la independencia se veían seriamente afectados.
Ante esta situación, surgieron dos fuertes posiciones dentro de la Asamblea:
declarar la independencia a cualquier precio, o esperar un tiempo más y ver cómo se desarrollaban los acontecimientos antes de tomar una decisión tan importante.

Francisco de Miranda

El más fervoroso impulsor de la declaración de la Independencia era el general don José de San Martín, quien tenía en el deán Gregorio Funes a su más fuerte aliado.
Pero el grupo de los moderados era muy fuerte:
los lideraba el presidente de la Asamblea, Carlos de Alvear, quien tenía en el secretario Hipólito Vieytes y en Bernardo de Monteagudo –redactor del periódico que difundió las decisiones de la Asamblea– a dos poderosos laderos.
Impusieron su decisión los moderados, y la Asamblea no declaró la independencia ni elaboró una constitución.
Sin embargo, San Martín redobló sus esfuerzos para lograr su objetivo y se convirtió en el principal impulsor del Congreso de Tucumán.
Finalmente, el 9 de julio de 1816, vio cómo se hacía realidad su gran anhelo:
la Independencia.


Ruido de rotas cadenas

Los ideales de libertad y gobierno propio, sustentados por la Revolución de Mayo de 1810, se extendieron rápidamente por el territorio del antiguo Virreinato del Río de la Plata.
El accionar de patriotas como Manuel Belgrano y José de San Martín ayudaron a otros pueblos a seguir el mismo camino hacia la independencia (como Brasil, Uruguay, Chile y Paraguay)


Así se vivía en Tucumán

La sede del Congreso era una pequeña ciudad con escasos recursos económicos, que se había transformado con la guerra.
Muchos de sus hombres pasaron a ser soldados y los artesanos abastecían al ejército de fusiles, espadas y monturas.

El momento de reunirse el Congreso, en San Miguel, vivían unas cuatro mil personas.
La mitad de ellos eran blancos, españoles y criollos, y la otra mitad estaba compuesta por negros, mulatos e indios.
La ciudad era mucho más pequeña que ahora y toda la actividad se concentraba alrededor de la plaza central, hoy llamada Independencia.
Frente a ella estaba el edificio del Cabildo, lejos el más importante de todos, y las iglesias de Santo Domingo y San Francisco.
El resto de las construcciones eran humildes viviendas, en su mayoría anchas y chatas, con techos de barro o de tejas rojas.
Por las calles de tierra circulaban los únicos medios de transporte de la época, el caballo y las carretas.

Fernando VII (1784-1833)

Mientras en el Río de La Plata y, en las demás colonias de América, se gestaba la Independencia, él era Rey de España.

Pobre rey Carlos IV... tuvo a Fernando como hijo.
Lo vio nacer en San Ildefonso, España, y al poco tiempo tuvo que empezar a cuidarse de él.
Es que Fernando VII fue un hombre simulador y egoísta, dispuesto a traicionar a cualquiera para acceder al poder.
Y eligió a su padre como primera víctima.
Conspiró contra él y se alió a Napoleón –enemigo de su patria– para apoderarse del trono.
Pero las cosas no le salieron tan bien...
El francés lo traicionó, lo metió preso y nombró rey de España a su hermano José Bonaparte.
El pueblo indignado se sublevó contra el usurpador e inició una heroica resistencia en nombre de Fernando VII, para ellos un símbolo de la libertad.
Fernando, mientras tanto, intentaba casarse con una sobrina de Napoleón para caerle bien al emperador.
No lo logró.
En 1814, el francés cayó en desgracia y Fernando VII se convirtió en rey.
El pueblo español se puso contento, pero la alegría le duró bien poco.
El nuevo soberano resultó ser un déspota, quebrantó promesas y persiguió a muchos de los que, buscando un gobierno liberal, habían luchado para colocarlo en el poder.
Su reinado, plagado de violencia, fue un desastre, y su política inflexible provocó la pérdida del imperio colonial hispanoamericano.


El día después: 10 de julio

Se realizaron desfiles militares y por la noche se celebró una gran fiesta a la que concurrieron los congresales, el general Manuel Belgrano y numerosas damas y caballeros tucumanos.
Entre todas las mujeres presentes se eligió una reina.
La corona le tocó a la hermosa rubia Lucía Aráoz, a la que todos comenzaron a llamar "la rubia de la patria".


Los medios de transporte de la Independencia

Para llegar al Congreso, los diputados tuvieron que recorrer largos caminos en galeras y sopandas.
El viaje de Buenos Aires a Tucumán, por ejemplo, duraba entre 25 y 50 días .


El acta de la Independencia

Fue firmada por todos los congresales que declararon la Independencia.
Se tradujo al quechua y al aymará para que la conocieran las poblaciones indígenas.



ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD-AMERICA

En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis:
terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:

¿Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su un nime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unámime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias.

Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuníquese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

Dada en la Sala de Sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros Diputados Secretarios.




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